El pasado martes, en la ciudad de Bogotá, llevamos a cabo la Clínica Jurídica “Cuando el territorio habla: justicia social y derechos en Colombia”, un espacio de diálogo y reflexión colectiva sobre la garantía de los derechos sociales en comunidades del departamento del Cesar, víctimas del conflicto armado y afectadas por intervenciones humanas que han transformado profundamente su cotidianidad.
El encuentro promovió una conversación crítica en torno al Informe alternativo de la sociedad civil frente al séptimo informe presentado por el Estado de Colombia ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, situando en el centro las voces y experiencias de los territorios.

Cinco momentos para comprender y escuchar
- Comprendiendo tus derechos
Abrimos la jornada con una pregunta sencilla: ¿qué tipo de derechos están escritos aquí? A través de una dinámica participativa, invitamos a las comunidades a identificar distintos derechos ubicados en las sillas del auditorio, resaltando que, sin importar si son derechos civiles o derechos sociales, ambos tipos de derechos:
- Poseen la misma importancia.
- Son exigibles al Estado.
- Son derechos fundamentales
- Fueron conquistados a través de las luchas sociales.
Por ejemplo, la salud y la educación no son servicios, son derechos fundamentales que el Estado debe garantizar.

2. Escuchando el territorio: memorias y voces que lo atraviesan
En un ejercicio inmersivo, las personas cerraron los ojos mientras escuchaban un relato sonoro La Señora Tucán de la Sabana. A través de sonidos del bosque seco, el cuento abordó cuatro problemáticas estructurales que atraviesan los territorios: pobreza, cambio climático, poder corporativo y conflicto armado.
“La sabana alguna vez fue un lugar donde el viento sabía tu nombre…
Pero un día comenzaron a llegar los caimanes.
Decían que el progreso brillaba como el oro bajo la arena”.
La narración evocó memorias profundas. Algunas personas compartieron, entre la nostalgia y la firmeza, cómo el “ruido” del que habla el relato ha sido también el de las máquinas, el de la violencia y el del miedo.
Posteriormente, las comunidades de Mechoacán, Minas de Iracal y Seis de Mayo presentaron cifras, contextos y experiencias que evidencian cómo estas realidades han transformado sus territorios. La analogía se volvió testimonio. Y el testimonio, en punto de partida para la reparación.

3. Por los derechos: tejiendo su cumplimiento
A través de mesas rotativas, se generaron diálogos entre las comunidades y personas expertas en cuatro ejes fundamentales: derecho a la tierra y territorio, derecho a la alimentación, derecho a la vivienda y derecho al medio ambiente.
El intercambio permitió contrastar experiencias, identificar obstáculos y reconocer caminos posibles para la garantía efectiva de estos derechos.

4. Del derecho al sujeto: la palabra de las comunidades
En este momento, la conversación se centró en quienes encarnan estos derechos: mujeres, campesinado y personas defensoras de derechos humanos. El espacio permitió visibilizar afectaciones diferenciadas, pero también las resistencias y liderazgos que sostienen la vida en los territorios.

5. Cuando el territorio propone: recomendaciones para la transformación
El cierre metodológico estuvo marcado por la voz directa de las comunidades, quienes compartieron conclusiones y recomendaciones construidas colectivamente. Sus propuestas apuntan a transformar las condiciones estructurales que limitan el goce efectivo de sus derechos.
Entre ellas:
- Derecho al medio ambiente:
- Establecer límites claros en materia de derechos humanos para la actuación de las empresas. En relación con esta recomendación, se abordó el Proyecto del Siglo, una iniciativa legislativa en el país que busca combatir la impunidad corporativa y establecer responsabilidades cuando las comunidades se ven afectadas por intereses y acciones empresariales.
- Exigir a las respectivas autoridades ambientales rigurosidad en el estudio y otorgamiento de licencias.
- Garantizar el cumplimiento del Acuerdo de Escazú.
- Invertir en la protección de cuencas y acuíferos.
2. Derecho a la vivienda:
- Fortalecer la organización colectiva para exigir el cumplimiento de políticas públicas.
- Impulsar proyectos de autogestión y vivienda rural para regiones específicas del país que han sido impactadas por el conflicto armado.
3. Derecho a la tierra y el territorio:
- Abogar por la implementación del Decreto 797 de 2025 con enfoque prioritario y colectivo.
- Acudir a instancias como el Consejo Superior de la Judicatura para exigir la celeridad y avance de los procesos de restitución de tierras en su etapa judicial.
- Hacer uso estratégico de la acción de tutela como trámite oportuno del proceso de restitución de tierras.
4. Mujeres:
- Promover el cuidado de y entre las cuidadoras.
- Dignificar el trabajo de cuidado de las mujeres y sus liderazgos comunitarios.
- Fomentar la participación activa de las mujeres en las organizaciones colectivas.
5. Personas defensoras de derechos humanos:
- Fortalecer la lucha colectiva y el respeto a las decisiones comunitarias.
- Promover la educación y pedagogía en derechos humanos.
- Consolidar el trabajo conjunto entre las tres comunidades.
6. Campesinado:
- Reconocer las implicaciones del derecho a la tierra: comunidad, trabajo y soberanía alimentaria.
- Construir alianzas con asociaciones campesinas.
- Visibilizar el rol de las y los campesinos en la sostenibilidad territorial.

Un cierre para la memoria
La jornada culminó con la entrega de una infografía ilustrada que recoge la ruta campesina colectiva para acceder a la restitución de tierras, una herramienta pensada para fortalecer procesos organizativos y comunitarios.
Finalmente, compartimos calcomanías con ilustraciones representativas del Cesar. La emoción fue evidente cuando algunas personas descubrieron que ellas mismas – o sus compañeros y compañeras – habían sido retratadas en estas piezas. Un gesto simbólico que reafirma que el territorio tiene rostro, historia y voz propia.

Porque cuando el territorio habla, la justicia debe escuchar
La Clínica Jurídica no sólo fue un espacio académico. Fue un encuentro de saberes, memorias y propuestas que reafirman que la justicia social no se construye sin la participación activa de las comunidades.
Seguiremos acompañando estos procesos para que las voces del Cesar continúen incidiendo en escenarios de toma de decisiones, recordándonos que los derechos son el resultado de luchas colectivas y requieren garantía, exigibilidad y defensa permanente.
Gracias al apoyo y acompañamiento del Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para la Paz, seguimos caminando junto a las comunidades por la verdad, la justicia y la reparación integral.






