El teatro como voz frente al conflicto
El teatro es una ventana hacia las emociones, los sentimientos y, sobre todo, las realidades que muchas veces pasan desapercibidas. Esto fue precisamente lo que se logró el pasado 6 de diciembre con la puesta en escena Creciendo en la Memoria, una iniciativa desarrollada por la Corporación Jurídica Yira Castro en colaboración con el Colectivo Escénico Teatro Transeúnte. A través del teatro y el circo, niñas, niños y adolescentes de Nariño encontraron un espacio para expresar y reflejar las complejas vivencias que aún marcan sus territorios.

La obra estuvo dividida en cuatro momentos principales que narraron un recorrido emocional y simbólico por las transformaciones de sus comunidades:
- La vida antes del conflicto: Recreando escenas cotidianas de danza, comida y otras prácticas culturales, se evocó la riqueza y vitalidad del territorio antes de la llegada de la violencia.
- El inicio del conflicto: La representación del conflicto se plasmó con la aparición de un personaje que, cargando una silla, simbolizaba el asentamiento de la violencia. A través del movimiento en escena y la apropiación de espacios, se abordaron temas como el desplazamiento, el reclutamiento forzado, los asesinatos y las minas antipersonas representadas con bombas en la escena.
- El sueño de la paz: Con la danza aérea y el uso de telas, las niñas y niños representaron el deseo de las comunidades por alcanzar una realidad de paz y tranquilidad, reflejando un estado onírico que contrasta con los horrores vividos.
- El despertar resiliente: En el acto final, se mostró cómo, pese a la persistencia de la violencia, las comunidades han encontrado fortaleza y resiliencia para continuar luchando por sus derechos y su territorio.

Esta puesta en escena no solo destacó la capacidad de los y las niñas para narrar y resignificar sus experiencias, sino que también sirvió como una oportunidad para sensibilizar al público. La obra permitió visibilizar las vivencias de comunidades en zonas como Alto Mira y Frontera, Ricaurte y Barbacoas, territorios profundamente afectados por el conflicto armado. A través de sus propias experiencias, los niños narraron las realidades que enfrentan a diario, convirtiendo el escenario en un puente entre quienes viven esas realidades y quienes las desconocen.
El proceso detrás de Creciendo en la Memoria fue tan significativo como la presentación misma. Durante meses de ensayos, los y las niñas aprendieron a traducir sus vivencias en movimiento, color y sonido. Cada escena no solo reflejó lo que sucede en estos territorios alejados, sino que también mostró cómo las artes escénicas pueden ser una herramienta transformadora para las generaciones más jóvenes. A la vez la co-construcción y participación de sus familiares, mujeres permitió un intercambio transgeneracional con participación efectiva y real de la niñez y reconocimiento y visibilización de sus afectaciones y sentimientos sobre el conflicto armado por parte de las adultas.

Como sociedad, muchas veces vivimos adentrados en nuestras propias burbujas dentro de entornos y cascos urbanos. Así, tendemos a desconocer las realidades y situaciones que mucha gente experimenta en la ruralidad colombiana. Las realidades de los territorios abandonados por el Estado son mucho más álgidas, difíciles y densos que lo vivido dentro de la ciudad. Las diversas formas de expresión artística y cultural permiten generar un acercamiento a las vidas, realidades y cotidianidades que, de otra forma, desconoceríamos. Es importante reconocer que estos territorios siguen en situación de conflicto y que sus comunidades, pese a todo esto, continúan en procesos de resiliencia y lucha por seguir.
Al cierre de la obra, se realizó un conversatorio en el que tanto las y los NNAJ y mujeres que presentaron la obra,como el público compartieron sus impresiones. Para muchos asistentes, la obra fue un ejercicio profundo de empatía, el cual les permitió acercarse de una realidad distinta y reflexionar sobre lo que aún ocurre en muchas regiones del país. Este encuentro no solo visibilizó cómo el conflicto afecta a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, alterando sus proyectos de vida, sino que también sirvió para reconocer las múltiples formas de violencia presentes en los territorios, como el reclutamiento y desplazamiento forzados.

Para las y los niños, la experiencia fue aún más significativa. A través del teatro y el circo, encontraron un canal para expresar emociones y transmitir sus vivencias de manera segura y creativa. La puesta en escena les permitió ser escuchados, procesar lo vivido y compartir su historia, generando un impacto emocional tanto en ellos como en las y los espectadores.
El esfuerzo conjunto entre la Corporación Jurídica Yira Castro y el Colectivo Escénico Teatro Transeúnte también demostró cómo las artes pueden abrir espacios para la reflexión colectiva. La obra no solo narró lo que sucede en estos territorios, sino que también mostró el proceso educativo y transformador vivido por las niñas y niños, quienes, a través del escenario, construyeron memoria y mostraron su capacidad para resistir y avanzar.
Finalmente, Creciendo en la Memoria nos recuerda la importancia de no olvidar. Aunque como sociedad solemos vivir inmersos en nuestras propias burbujas urbanas, alejados de las realidades rurales, este tipo de iniciativas nos invitan a mirar hacia esos territorios abandonados por el Estado. A través de las diversas formas de expresión artística, podemos reconocer no solo las dificultades que enfrentan estas comunidades, sino también su inquebrantable resiliencia y perseverancia para construir un futuro más justo.






