No fue cualquier martes. El pasado 3 de junio, en medio del cierre del periodo legislativo y bajo la amenaza del archivo, se logró un debate clave en la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes. El ambiente estaba tenso: si no se discutía ese día, el proyecto de ley más importante para las mujeres en los últimos años podía quedar sepultado por los tiempos del Congreso. Pero se debatió. Y se aprobó. Y eso, aunque aún falten tres debates más, es una victoria enorme.
Una ley que nace desde las bases
La llamada Ley para las Mujeres en toda su diversidad no surgió de una bancada partidista ni de una coyuntura momentánea. Viene de lejos. Viene de las voces de mujeres rurales, indígenas, afrodescendientes, trans, defensoras, académicas, cuidadoras y lideresas sociales que, por años, han pedido lo mismo: una ley que articule, que integre, que garantice, que no fragmente.
Este proyecto propone una transformación estructural. Reconoce que las mujeres han sostenido gran parte del país desde la invisibilidad: en sus casas, en sus comunidades, en la economía del cuidado, en la lucha por la paz, en la defensa de sus territorios. Y que ya es hora de que el Estado reconozca, redistribuya y garantice derechos de manera real y efectiva.
Entre muchos otros puntos, la ley plantea una transformación en la vida diaria de las mujeres::
- Reconocimiento pleno de derechos: Crea un marco legal que reconoce a las mujeres en toda su diversidad y busca garantizarles igualdad real en todos los ámbitos de la vida.
- Políticas con enfoque y presupuesto: Obliga al Estado a formular políticas públicas con enfoque de género, recursos asignados y participación de las mujeres.
- Redistribución del cuidado: Reconoce el valor del trabajo doméstico y de cuidado, y promueve su redistribución entre Estado, sociedad y familias.
- Acceso a salud y educación sin barreras: Asegura condiciones dignas para el acceso a la salud y la educación, sin violencias ni discriminaciones.
- Instituciones que garanticen la ley: Establece mecanismos para que esta ley se implemente, se financie y se mantenga en el tiempo con participación activa de las mujeres.
Lo que se ganó… y lo que falta
El primer debate fue más que un trámite: fue un pulso entre la urgencia y la indiferencia legislativa. Ganó la urgencia. Se logró sacar adelante el proyecto justo a tiempo, evitando su archivo. Y aunque eso no significa que la ley esté aprobada, sí marca un punto de no retorno en el compromiso con los derechos de las mujeres.
Ahora vienen tres debates más: uno en plenaria de Cámara y dos en Senado. El riesgo ya no es el archivo inmediato, pero el camino no está libre. La vigilancia social, el respaldo ciudadano y la acción de las organizaciones sigue siendo crucial.
¿Y ahora?
Lo que se juega con esta ley no es un favor, es una deuda histórica. Aprobarla sería avanzar hacia un país más justo, donde ser mujer no implique estar en desventaja por el sistema.
Desde nuestra organización, seguimos de cerca este proceso, convencidas/os de que cada paso legislativo cuenta, pero cada paso colectivo transforma. Porque esta ley no es solo un documento: es la posibilidad de vivir sin miedo, con dignidad y con derechos reales.






